Qué debe tener la web de un criadero (y qué le sobra)
Una familia no compra un cachorro: elige a quién confiarle diez o quince años de su vida. Esto es lo que necesita ver en tu web para escribirte. Y lo que sobra.
Manuel Curtó Jr.28 de octubre de 20266 min de lectura
Quien llega a la web de un criadero casi nunca está listo para reservar. Está comparando. Ha visto tres o cuatro criaderos de la raza, alguno anuncio suelto y un par de vídeos. Lo que decide si te escribe a ti no es el precio ni lo bonita que sea la portada: es si en dos minutos ha encontrado razones para confiar.
Después de hacer las webs de nuestros criaderos y las de otros, esta es la lista que usamos.
1. Quién eres, antes que lo que vendes
La portada tiene que contestar tres preguntas sin hacer scroll: qué raza crías, dónde estás y por qué crías como crías. Una frase con postura vale más que un eslogan genérico. «Criamos perros para la vida real» dice más que «cachorros de calidad».
Y una persona. Las familias quieren saber quién está detrás: tu nombre, tu historia, una foto tuya con los perros. Un criadero sin cara se parece demasiado a una tienda.
2. Los padres, con nombre y con datos
Una galería de cachorros monísimos no convence a nadie que ya haya comprado un perro. Lo que convence son los reproductores: su nombre, su color, su edad, sus fotos de adulto y su genealogía.
Si los perros están en Genealogic, la web puede leer cada ficha y mostrar la genealogía completa sin que tengas que volver a teclearla. Es lo que hicimos en Irema Curtó: cada perro tiene su página con cinco generaciones.
3. La salud, demostrada
«Criamos con salud» lo dice todo el mundo. Lo que separa a un criadero serio es enseñarlo: qué pruebas se hacen a los reproductores (caderas, codos, paneles genéticos de la raza), quién las hace y qué significa cada resultado.
En HRC Tierra de Perros le dedicamos una página entera. Y retiramos una «garantía de salud» que el contrato no daba. Prometer menos y cumplirlo todo vende más que prometerlo todo.
4. Cómo se consigue un cachorro
Las familias no saben cómo funciona un criadero. ¿Hay lista de espera? ¿Se puede visitar? ¿Cuándo se paga la reserva? ¿Qué lleva el cachorro cuando se va? Explícalo en pasos, en una sola página. Cada duda que resuelves es un mensaje menos que contestar y una familia más tranquila.
5. Un formulario que pregunte lo que importa
«Nombre, email, mensaje» genera mensajes de una línea: «¿precio?». Un buen formulario pregunta cómo es la casa, cuántas horas se pasa fuera, si hay niños u otros animales y qué experiencia hay con perros. Así contestas con criterio, y filtras sin tener que ser antipático.
Y que esa solicitud no acabe perdida en una bandeja: que entre en el sitio donde gestionas tus ventas, con la página desde la que llegó.
6. Contenido que responda antes de que pregunten
Carácter, convivencia con niños, cuidados del pelo, cuánto cuesta y por qué. Las mismas preguntas que te hacen cada semana, contestadas una vez y bien, en artículos que además te traen visitas desde Google.
Lo que sobra
- Fotos de banco. Se notan, y restan confianza. Mejor una foto real algo peor que una perfecta que no es tuya.
- Cifras sin fuente. «Miles de familias felices». Si no puedes enseñarlo, no lo pongas.
- Carruseles automáticos y pop-ups. En el móvil, que es donde te miran, estorban.
- Precios sin contexto. Si publicas precio, explica qué incluye: pruebas de los padres, vacunas, microchip, acompañamiento.
- Plantillas de tienda. Carritos, estrellas y «añadir a favoritos» convierten a tus perros en productos.
En resumen
La web de un criadero no tiene que impresionar: tiene que dar confianza y ordenar lo que llega. Si quieres que revisemos la tuya con esta lista, escríbenos.